Hola compañeros soy Meño un neurótico en proceso de recuperación

Y para dar inicio a esta sesión del grupo de Neuroticos Anonimos en Linea 24 Hrs. les ruego por favor que antes o en el transcurso de escribir nuestra participación tomemos un momento para hacer un ejercicio de oración y meditación hacia nuestro PS, con el propósito de que nuestros mensajes o aportaciones puedan ser de utilidad para todos. les pido por favor que recordemos una porsion de nuestro Enunciado, recordando a la vez nuestras autonomias.

Las Tribunas no se comentan.

Respeto absoluto a las tribuna

Para apadrinar sugeridamente se Debe escuchar en tribuna al ahijado

Sugeridamente no se hacen parejas en el grupo

NEURÓTICOS ANÓNIMOS es una Asociación formada por hombres y mujeres que comparten entre sí su experiencia, fortaleza y esperanza para rehabilitarse de las dolencias mentales y emocionales. Nuestro objetivo primordial es recuperarnos, auxiliar a otras personas emocionalmente enfermas y mantener la salud. Para ser miembro de esta Asociación basta considerarse una persona que padece disturbios mentales y emocionales (neurosis) teniendo el sincero deseo de sanar.

Avisos

Como se había acordado en la junta de trabajo se les Pide una septima de Buena Voluntad para pagar los dominios de multiplicar.
La cuenta es: # Suc.343 Cta. 1262257 de Banamex Número de tarjeta Perfiles Banamex 5204 1642 4361 1693 cuenta. Se puede depositar en el número de tarjeta o de la cuenta, Esperando poder contar con su apoyo.

Hoy tocaremos una porción del

OCTAVO PASO

Hicimos una lista de todas aquellas personas a quienes habíamos ofendido y

estuvimos dispuestos a reparar el daño que les causamos.

Los pasos octavo y noveno tratan de las relaciones personales. Primero, miramos hacia atrás y tratamos de descubrir en que nos hemos equivocado; a continuación hacemos un esfuerzo firme encaminado a reparar los daños que hemos causado, consideramos como establecer la mejor clase posible de relaciones con todos los seres humanos a quienes conozcamos.

Esta es una tarea muy grande. Es una tarea que podemos desempeñar con mayor habilidad cada día, pero que nunca tiene fin. Aprender a vivir con los demás, como quiera que sean, fraternalmente en paz, es una experiencia conmovedora y fascinante. Todo miembro de N.A., ha descubierto que se adelanta poco en el logro de una manera nueva de vivir si no se retrocede y examina cuidadosamente sin hacer una omisión, los daños ocasionados a otras personas. Al hacerse el inventario moral se ha hecho esto hasta cierto grado, pero ahora es el momento de redoblar los esfuerzos para poder darse cuenta de a quienes se ha lastimado y en que forma se ha hecho. El volver a abrir heridas, unas antiguas, unas tal vez ya olvidadas y algunas infectadas y dolorosas, parecerá al principio una cirugía inútil. Pero si se comienza a hacerlo con buena voluntad, enseguida se verá su utilidad al darse cuenta de que el dolor va desapareciendo a medida que los obstáculos van siendo eliminados. Sin embargo estos obstáculos son muy reales. El primero, y uno de los más difíciles, está relacionado con el perdón. En los momentos en que cavilamos sobre alguna relación torcida con otra persona, nuestras emociones se ponen a la defensiva. Para evitar contemplar el daño que esa persona nos ha ocasionado. Esta manera de reaccionar se acentúa naturalmente cuando esa persona efectivamente se ha portado mal con nosotros. Triunfantes, nos asimos a su mal comportamiento, utilizándolo como pretexto perfecto para tratar de justificar o de pasar por alto nuestra conducta.

Aquí mismo necesitamos parar en seco. Resulta un contrasentido que una persona que está llena de defectos censure a los otros. Recordemos que son muchos los atormentados por emociones enfermizas. Más aún generalmente es un hecho que nuestro comportamiento durante las crisis emocionales ha exasperado los defectos de otros. En repetidas ocasiones hemos colmado la paciencia de nuestros mejores amigos y hemos hecho que salga a relucir lo peor que tienen aquellos que no nos tienen en muy buen concepto. En muchos casos tratamos con otros a los que les hemos empeorado sus sufrimientos. Si estamos a punto de pedir perdón para nosotros, ¿por qué no empezamos perdonando a cada uno y a todos los demás?.

Cuando hacemos una relación de aquellas personas a las que les hemos hecho algún daño, la mayoría de nosotros tropieza con otro obstáculo serio. Sentimos una fuerte sacudida al darnos cuenta de que estamos preparándonos a admitir nuestra miserable conducta frente aquellas personas a quienes habíamos herido. Había sido bastante penoso hacer esa admisión ante Dios, ante nosotros mismos y ante otro ser humano, pero la perspectiva de entrevistarnos con esas personas y aún la de escribirles nos apabullaba, especialmente cuando recordábamos el mal concepto en que nos tenían. Había también casos de personas a las que habíamos dañado sin que ellas se dieran cuenta afortunadamente. ¿Por qué no olvidar el pasado? ¿Para qué teníamos que ocuparnos de esas gentes? Estas eran algunas de las formas en que el miedo conspiraba con el orgullo para detenernos en nuestro propósito de hacer la relación de todas las personas a quienes habíamos dañado.